Como tantos, tengo hijos en edad escolar. No son mayores de edad, así que no les otorgamos, las leyes no les otorgan, capacidad para votar o para obligarse en contratos. Están tutelados. por sus padres o tutores. Si cometieran un delito que para un mayor de edad representaría una pena de cárcel, su tratamiento sería especial, como persona sujeta a responsabilidad muy limitada. Etc.
Están en edad de estudiar, lo que supone un derecho y un esfuerzo de toda la sociedad para que se formen y sean, en el futuro, más libres, más capaces.
Y sin embargo llegan los representantes sindicales a los centros educativos y, con el consentimiento de la dirección de esos centros (¿pueden oponerse?), incitan a estos chicos a ponerse en huelga.
No creemos que tengan capacidad para decidir sobre las leyes ni sobre los representantes del poder legislativo.
No les damos capacidad para ausentarse de los centros sin el consentimiento de padres o tutores.
Entendemos que sus actos, como actos de chicos, no responsables, no deben ser juzgados con el rigor que lo serían actos de mayores de edad.
Y sin embargo aceptamos que decidan ir a la huelga.
Con la hipocresía de que sus padres firmen un documento en el que digan que todo les parece estupendo.
Estupendo, sí, que nuestros hijos tengan una idea clara que les sirva para la autodestrucción:
la potestad de exigir es anterior a la responsabilidad.
miércoles, 28 de marzo de 2012
sábado, 24 de marzo de 2012
Precios mínimos, salarios mínimos
Paul Krugman (premio Nobel economía
2008) goza de los respetos del diario El País como economista
progresista – liberal de izquierdas. Así que Nihil Obstat.
Dice Krugman que mientras en EEUU el salario mínimo no tiene actividad real, por estar señalado muy por debajo del salario medio de los trabajadores no cualificados, en el Sur de Europa la situación es distinta. El salario mínimo en EEUU vacía el mercado laboral. Tomando el salario real, es decir, el salario propiamente dicho y las cotizaciones sociales, los mínimos europeos -siempre según Krugman- son muy superiores a los americanos, a pesar de que los trabajadores europeos son algo menos productivos. La consecuencia es que el salario mínimo en el Sur de Europa sería una restricción vinculante que da lugar a una gran cantidad de trabajadores que no serán contratados al precio mínimo. Es decir, se produce un desempleo elevado: millones de trabajadores, especialmente jóvenes, que buscan trabajo pero que no pueden encontrarlo.
En los efectos indeseados del precio mínimo, traducidos al salario mínimo, se destacan ahora un desempleo elevado, sobrecualificación de los trabajadores, mercado negro. Casualmente en España somos campeones en esas tres disciplinas.
Así que existe un problema y la sospecha fundada sobre su origen. Habrá que hacer algo, ¿verdad?
Hoy os va a hablar de precios mínimos
y salarios mínimos. (Macroeconomía. Krugman y Wells. Ed Reverté 2007)
Vamos a usar un ejemplo de un mercado
competitivo de mantequilla. En este ejemplo se han trazado las
funciones de oferta S y demanda D. Con precios libres, la oferta y la
demanda se encuentran en el precio de equilibrio E (= 1 €/kg), al
que se demanda la cantidad de 10 millones de kilos.
Ahora vamos a suponer que el Gobierno
fija un precio mínimo, para ayudar a los ganaderos, de 1,2 €/kg. A
ese precio la oferta es de 12 millones de kilos, pero los
consumidores sólo están dispuestos a comprar 9 millones, así que
se crea un excedente de 3 millones de kilos.
Siempre que el precio mínimo sea
superior al de equilibrio se creará un excedente.
Las consecuencias indeseadas son:
- Un excedente persistente
- Ineficiencia en la asignación de las ventas, recursos desaprovechados, calidad ineficientemente alta
- Actividad ilegal
Dice Krugman que mientras en EEUU el salario mínimo no tiene actividad real, por estar señalado muy por debajo del salario medio de los trabajadores no cualificados, en el Sur de Europa la situación es distinta. El salario mínimo en EEUU vacía el mercado laboral. Tomando el salario real, es decir, el salario propiamente dicho y las cotizaciones sociales, los mínimos europeos -siempre según Krugman- son muy superiores a los americanos, a pesar de que los trabajadores europeos son algo menos productivos. La consecuencia es que el salario mínimo en el Sur de Europa sería una restricción vinculante que da lugar a una gran cantidad de trabajadores que no serán contratados al precio mínimo. Es decir, se produce un desempleo elevado: millones de trabajadores, especialmente jóvenes, que buscan trabajo pero que no pueden encontrarlo.
Se crea además un potente incentivo
a eludir la ley, produciéndose una contratación ilegal de
trabajadores que no realizarán cotizaciones sociales. Un mercado
negro de trabajo.
En los efectos indeseados del precio mínimo, traducidos al salario mínimo, se destacan ahora un desempleo elevado, sobrecualificación de los trabajadores, mercado negro. Casualmente en España somos campeones en esas tres disciplinas.
Así que existe un problema y la sospecha fundada sobre su origen. Habrá que hacer algo, ¿verdad?
¿Habrá que establecer sistemas
reducidos de cotización en algunos supuestos?
Ahí está el sistema creado por el
anterior Gobierno para el trabajo doméstico, que se implanta
obligatoriamente en junio, ¿funcionará?
¿Facilitará la reforma laboral la
futura contratación?
Lo que no podemos es ser el país con mayor paro
y economía sumergida del mundo occidental.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Lecturillas de antoniomm

http://antoniomuñozmolina.es/2012/03/para-que-luego-se-acuerde/
El asunto de la entrada, Para que luego se acuerde, se concretará en un extracto de Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro que habla de la primera casa para el niño. Pero más que por esta concreción, la entrada me fascina por la descripción que hace antoniomm de los autores: libros casi siempre escritos por gente un poco holgazana, observadora, solitaria, al mismo tiempo ilusionada y desalentada, descreída de los grandes proyectos y de los énfasis rotundos.
Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro
Lima 1929-1994. Celebrado cuentista (La palabra del mundo). Prosas apátridas aparece en 1975, así que el artista pasa de 45.
Spleen de París, de Baudelaire
París 1821-1867. Poemas en prosa. El spleen era el tedio, la melancolía sin motivo. Parte de esta obra se publicó en 1864.
La tumba sin sosiego, de Cyril Connolly
Coventry, UK, 1903-1974. Crítico literario más que escritor. Reputada edición en español de Editorial Sur, Argentina, de Victoria Ocampo, traducción de Ricardo Baeza, 1944. Inspirado en la leyenda de Palinuro, piloto de Eneas (La Eneida) que quedará vagando por el Hades.
Último round, de Julio Cortázar
1914-1984. Se publicó en 1969, y forma una cierta unidad con La vuelta al día en ochenta mundos. Se habla de música, jazz, de boxeo, aparecen los cronopios. Dos títulos llamativos: Louis enormísimo cronopio y La vuelta al piano de Thelonious Monk.
El hacedor, de Jorge Luis Borges
Buenos Aires 1899-1986. Publicado en
1960. Breves instantáneas. He leído ahora la que da nombre al
libro, que dibuja en muy pocas palabras a un guerrero griego, el
pudor estoico no había sido aún inventado y Héctor podía huir sin
desmedro. Siente que va perdiendo la vista. Se trata de Homero.
He releído Las uñas, ese tenue armamento emitido por
los dedos del pie, tercamente, hasta que los modere la corrupción.
El rastro, de Ramón Gómez de
la Serna
Madrid 1888-1963. Publicado en 1915,
esta es la única obra de juventud de la lista. Dos años anterior a
Greguerías, ya sabéis, cosas como Lo más importante de
la vida es no haber muerto.
Juventud, egolatría, de Pío
Baroja
San Sebastián 1872-1956. Libro
autobiográfico, escrito ya con unos 70 años.
Ale. A leer.
Os dejo con thelonioso al piano.
Última hora.- Me dicen que los hermosos títulos musicales de Cortázar no son de Último round sino de La vuelta al día en ochenta mundos. Qué pena.
Os dejo con thelonioso al piano.
Última hora.- Me dicen que los hermosos títulos musicales de Cortázar no son de Último round sino de La vuelta al día en ochenta mundos. Qué pena.
domingo, 18 de marzo de 2012
Tiritaba y tiritaba
En nuestra lati..., por nuestro lao, quería decir, las cosas se calientan más que se enfrían, y eso es lo que ha pasado con esta especie de cuento invernal. Se formó a partir de materiales de acarreo, en este caso el blog de Muñoz Molina dejó un día un comentario de Consuelo, que vive en una ciudad alemana de nombre irrecordable. Consuelo hablaba de dos cosas distintas: un hombre que tiritaba y tiritaba; la noticia de que a los elefantes de nosedónde que estaría en las Rusias les daban vodka para el frío (el frío de quiénes). Todo forma parte de una única historia que he tratado de recomponer.
Soy una mirona. En el tranvía disfruto, me puedo esconder y espiar sin ser notada. Hay que tener cuidado con los cristales, para que no te vean en el reflejo. Pero sí, el hombre estaba cerca de mí, pero en el otro lado del pasillo, y en una fila antes que la mía, por lo tanto podía mirarle perfectamente, eso sí, solo un lado, y le veía la mandíbula, la cara roja, las manos grandes y ásperas. Tiritaba y tiritaba. Quizá estaba con gripe, y el frío que sentía era de enfermedad.
Casi me paso mi parada, no era capaz de mantener el equilibrio, iniciaba un paso y se me iba el cuerpo para atrás y para el lado y tenía que inclinarme hacia delante para dominar mal que bien el movimiento descompasado. Me han visto algunos vecinos.
Bajó en la misma parada que yo, pero no vive en mi calle. Le perseguí durante unos metros, pero a distancia, nunca vi andar a nadie haciendo tan perfectas las eses.
Soy un elefante. Esta mañana apareció nuestro amable cuidador a hora no habitual con su cabezota roja, muy contento a pesar del frío; llevaba en el carro varios cubos llenos, al llegar a nuestra altura paró, llenó un vasito en uno de ellos y, glop, se lo echó al coleto. Vodka, dijo, para el frío, y nos arrimó un cubo. ¡Vaya, quema la trompa!
Mi marido es así, no sé qué será de él el día que yo reviente: ¡otra vez con la trompa!
Soy cuidador del zoo. Qué vergüenza.
Con el frío no medí bien: me tomé algunos tragos para entrar en
calor, mientras atendía a los elefantes, no recuerdo cuántos,
tragos, no elefantes, porque el frío apretaba a esas horas de la
mañana. Los elefantes me miraban con cara de reproche, a veces se
les nota la inteligencia que tienen. Después de tantos tragos, a
duras penas pude llegar al tranvía, coger un asiento. Tenía el
cuerpo cortado por las muchas horas de vodka y de frío y me entró
una tiritona terrible, tiritaba y tiritaba.
Soy una mirona. En el tranvía disfruto, me puedo esconder y espiar sin ser notada. Hay que tener cuidado con los cristales, para que no te vean en el reflejo. Pero sí, el hombre estaba cerca de mí, pero en el otro lado del pasillo, y en una fila antes que la mía, por lo tanto podía mirarle perfectamente, eso sí, solo un lado, y le veía la mandíbula, la cara roja, las manos grandes y ásperas. Tiritaba y tiritaba. Quizá estaba con gripe, y el frío que sentía era de enfermedad.
Casi me paso mi parada, no era capaz de mantener el equilibrio, iniciaba un paso y se me iba el cuerpo para atrás y para el lado y tenía que inclinarme hacia delante para dominar mal que bien el movimiento descompasado. Me han visto algunos vecinos.
Bajó en la misma parada que yo, pero no vive en mi calle. Le perseguí durante unos metros, pero a distancia, nunca vi andar a nadie haciendo tan perfectas las eses.
Soy un elefante. Esta mañana apareció nuestro amable cuidador a hora no habitual con su cabezota roja, muy contento a pesar del frío; llevaba en el carro varios cubos llenos, al llegar a nuestra altura paró, llenó un vasito en uno de ellos y, glop, se lo echó al coleto. Vodka, dijo, para el frío, y nos arrimó un cubo. ¡Vaya, quema la trompa!
Mi marido es así, no sé qué será de él el día que yo reviente: ¡otra vez con la trompa!
![]() |
Un antepasado de los elefantes del zoo Para dar colorido namas |
martes, 13 de marzo de 2012
El río Escamandro
Mi río Agné tiene una pequeña idea nuclear: los sacrificios con los que se aplaca a los temidos cocodrilos los alimentan y multiplican. Tiene también la barca de Setec, con cabeza y cola de cocodrilo, como figurilla actual de bronce procedente de nosesabedónde y que compré en el museo Thyssen; quizá la misteriosa barca es la que provoca la historia.
Hay también un intento de evocar el fragor del río crecido, el fluir de los hilos de agua en tiempo seco. Y a propósito de eso viene el Escamandro, Ilíada, canto XXI, 233 - 271, entresaco:
Y Aquiles, insigne por su lanza, se metió en pleno río
saltando desde el voladizo. Y se encrespó embravecido y se arrojó,
y al volverse conmovió todas las ondas y expulsó numerosos
cadáveres, víctimas de Aquiles que pululaban por su cauce,
ocultándolos en sus grandes y profundos remolinos.
El revuelto oleaje se erguía terrible alrededor de Aquiles,
y el flujo lo empujaba al batir en el escudo; tampoco los pies
podía asentar en el suelo y se asió con ambas manos a un olmo
alto y corpulento, que, al desplomarse entonces de raíz,
derruyó consigo todo el voladizo...
...y, según va avanzando el agua, todos los cantos rodados
se van amontonando...
¿Adaptaría el narrador la cadencia de la narración a las turbulencias del río?
Hay también un intento de evocar el fragor del río crecido, el fluir de los hilos de agua en tiempo seco. Y a propósito de eso viene el Escamandro, Ilíada, canto XXI, 233 - 271, entresaco:
Y Aquiles, insigne por su lanza, se metió en pleno río
saltando desde el voladizo. Y se encrespó embravecido y se arrojó,
y al volverse conmovió todas las ondas y expulsó numerosos
cadáveres, víctimas de Aquiles que pululaban por su cauce,
ocultándolos en sus grandes y profundos remolinos.
El revuelto oleaje se erguía terrible alrededor de Aquiles,
y el flujo lo empujaba al batir en el escudo; tampoco los pies
podía asentar en el suelo y se asió con ambas manos a un olmo
alto y corpulento, que, al desplomarse entonces de raíz,
derruyó consigo todo el voladizo...
...y, según va avanzando el agua, todos los cantos rodados
se van amontonando...
¿Adaptaría el narrador la cadencia de la narración a las turbulencias del río?
domingo, 11 de marzo de 2012
El hombre que amaba a los perros
Leonardo Padura nació en La Habana en
1955, y allí ha vivido siempre
En El hombre que amaba a los perros
novela el asesinato de Trotski por Ramón Mercader. Se
remonta a los años de exilio de Trotski en Turquía, y sigue varios
hilos que se trenzan: el del autor de la novela, el de Ramón
Mercader, miliciano comunista español, el del propio Trotski. Los
tres aman a los perros, aunque el nombre del libro viene de un
personaje misteriosos que aparece en Cuba y será quien aporte al
autor el material para el libro. El lenguaje revolucionario del que
está empapado el libro ha formado parte, como cubano, de la vida de Leonardo
Padura.
Trotski rememora los tiempos en que
trabajó codo con codo con Lenin:
El terror de la Cheka de Dzerzhinski
fue el brazo oscuro de la Revolución, impío como debía, como tenía
que ser, se diría, y aniquiló por centenares y miles a los enemigos
del pueblo, a los perdedores de la lucha de clases que se negaban a
ver la desaparición de su forma de vida y su cultura de la
injusticia. Ellos, los vencedores, habían administrado sin piedad la
derrota de sus adversarios, y el Partido tuvo que funcionar como el
instrumento de la Historia y de su inevitable venganza masiva, aunque
impersonal. Había sido una violencia despiadada, seguramente
excesiva, pero necesaria: la de la clase vencedora sobre la vencida,
la disyuntiva del “nosotros o ellos”...
El tutor soviético de Ramón Mercader
cuenta:
Hay algo muy importante que me
enseñaron nada más entrar en la Cheka: el hombre es relegable,
sustituible. El individuo no es una unidad irrepetible, sino un
concepto que se suma y forma la masa, que sí es real. Pero el hombre
en cuanto individuo no es sagrado y, por tanto, es prescindible.
Al final el viejo agente soviético
recapitula y piensa, se nos ha ido la mano, habría que aceptar las
reglas democráticas.
Pero una mala noticia para los que
piensan conciliar libertad y socialismo es que toda la teoría
historicista/marxista se apoya sobre la irrelevancia del hombre, por
lo que si hay conflicto entre la vida o la libertad de un hombre,
cien, diez mil, y los designios de la Historia, ya se sabe quién
cede el paso. ¿Y quién interpreta los designios de la Historia?
El dilema es relegar al hombre, cada
persona concreta, o al historicismo. Yo lo tengo claro: ¡viva
Pericles!
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