miércoles, 15 de junio de 2011

Nuestra compi Violeta Guillén: exposición en Almería

Perfectamente integrada como coautora en este blog: ya es muda.

Pego el enlace de la galería
http://www.galeriaacanto.com/

Pego el comentario de la galería:
Los sutiles grabados de Violeta Guillén, que conectan con las incisiones de las primeras escrituras sobre piedra. Sus laberínticas tramas se entrelazan creando una suerte de texturas y emociones que nos transportan a una antigüedad intuida, a la esencia de la materia, al inicio de la civilización, y del propio ser, en ocasiones con lo mínimo y en otras abigarrando las composiciones, generando vibrantes contrastes.

Caramba carambita.

circuitosvioleta

lunes, 13 de junio de 2011

Ventaja comparativa

¿Unos pierden para que otros ganen? Pues no, el comercio, el intercambio, tienen ventajas para todos. Krugman acude a un modelito en el que suponemos dos náufragos en una isla desierta, y dos ocupaciones: coger cocos o pescar. Si se dedica sólo a coger cocos, Tom coge 30, mientras que Hank sólo llega a 20. Si cada uno se dedica sólo a peces, Tom llega a 40, mientras que Hank se queda en 10. Sus máximos están representados respectivamente por las rectas (aceptamos rectas en el modelo) cocos=30-3/4peces y cocos=20-2peces. Tom se ha adaptado a una combinación de actividades que le permite proveerse de 28 peces y 9 cocos, mientras que Hank consigue 6 peces y 8 cocos. Así que como Hank es tan poco eficiente en estas habilidades, pensaremos que saldrá perdiendo en el comercio con Tom. ¡Nada más falso!
Tom tiene ventaja comparativa en coger peces, cada pez que coge le hace perder sólo 3/4 de coco, sin embargo Hank tiene ventaja comparativa en coger cocos, cada pez que coge le hace perder 2 cocos.

Ea, ya se han puesto de acuerdo en coger, Tom sólo peces, Hank sólo cocos, la razón de intercambio podría estar entre mejorar la marca de Tom de 1 pez por 3/4 coco, por ejemplo, un pez de Tom = un coco de Hank, hasta mejorar la marca de Hank de 1 pez por 2 cocos, por ejemplo, 1 pez de Tom = 7/4 de cocos de Hank. Entre uno y otro nos quedamos en 1 pez de Tom por 1 coco de Hank, que es facilito y Hank se repone algo.

Tom coge 40 peces y 10 se los cambia a Hank por 10 cocos. Así que ahora Tom tiene 30 peces y 10 cocos, 2 peces y 1 coco más que sin comercio, y Hank, que ha cogido 20 cocos, tiene 10 peces y 10 cocos, 4 peces y 2 cocos más que sin comercio.

Lo mismo vale para el comercio internacional, así que como nosotros tenemos ventaja comparativa en producir políticos y funcionarios, ¡podemos cambiar dos políticos y dos funcionarios por un coco!

Ji, ji

sábado, 11 de junio de 2011

Como brotes de soja en torno a tu mesa

Vaya, parece que los responsables de la contaminación por E. Coli chunga eran brotes de soja de cultivo biológico. Y es que la caca, incluso de animal tan puro como la vaca, tiene también su peligro, aunque sea biológica, como es biológica la gripe, la disentería y la propia muerte en general.

Cuando en la Tierra haya pongamos que diez mil millones de habitantes comiendo, si llega eso, no será a base de arados romanos y caca de vaca. Lo siento, habrá pocos solomillos de buey y pocas gambas, prepárate para comer cultivos celulares texturizados, o algo así. Con mucha ingeniería genética. La caca habrá que reciclarla, je, je.

Jo me lo voy a perder, qué pena.

Economía

portada macroeconomia Krugman


Paul Krugman fue premio Nobel de economía en 2008. Ya sabéis que los economistas no se ponen de acuerdo en algunas cosas, pero sí lo están en otras: conviene oirlos. En todo caso Krugman tiene una habilidad didáctica fuera de dudas, y sus manuales "Introducción a la economía: microeconomía" e "Introducción a la economía: macroeconomía" se leen con gusto. Además del cuerpo central de los capítulos se incluyen casos ilustrativos de la vida real que captan nuestro interés. Próximamente en esta sala estrenaremos etiqueta "ECONOMÍA" en la que se trasladarán breves nociones que muchas veces chocan con nuestra intuición, en gran medida basada en una educación que desprecia los mercados. Por eso quizá tenían tanta peste y tantas moscas.

domingo, 5 de junio de 2011

AGUA AMARGA

Agua Amarga es una joyita en el Parque Natural de Cabo de Gata. La foto es de ahora, el relato que pego apareció en 2009 en el interior de un botellín en la Playa de los Muertos, donde solían emerger los restos de naufragios.

playa Agua Amarga

Las sábanas aparecieron llenas de granates, piedritas que forma Hefestos en el interior de algunos volcanes. Granate, esa piedra consagrada a la Cabra Maltea, la que alimentó a Zeus de sus mismas ubres mientras estuvo escondido de la mirada de su padre Cronos, el teófago.

Euforbio, nuestro jefe, que, como el divino Odiseo, ve lo que viene delante pero también con frecuencia usa el retrovisor, tomando ya este signo como definitivo, decidió que nos instaláramos allí.

Otros signos de Zeus el amontonador de nubes fueron interpretados como propicios por el jefe: la tromba de agua en mitad de un día de verano, la libertadora borrachera que nos indujo Dionisio, extranjero como nosotros, tan pronto como libamos apenas unas cráteras de vino. Seguramente el mismo Zeus vació nuestros bolsillos de granates mientras dormíamos, por qué si no el prodigio.

Varamos las negras naves, la belicosa nave larga y las otras redondas, ávidas de carga. Y levantamos nuestras tiendas, las de los que tenían tienda.

Sabíamos que por allí operaban otros prestigiosos piratas de nuestro pueblo: Tributeo, Ivaristo, la reputada Eutasa…, así que probablemente nos dejarían casi la mitad de nuestra honrada rapiña para nosotros mismos y nuestro destino.

Habíamos llegado de nuestro pueblo aprovechando los vientos de Levante, dejando atrás unos impuestos asfixiantes y atraídos, hacia adelante, por la esperanza de ganancias.

Confiábamos en la protección de los dioses, porque a todos procurábamos sacrificar equitativamente y, como piratas, éramos gente honrada: asaltábamos indiscriminadamente, sin favoritismos, procurando no causar daño a nadie por pura diversión o curiosidad. Como comerciantes éramos eficientes y cumplidores. Teníamos merecida fama de vender los más fiables esclavos y coches de segunda mano; bueno, es decir, una vieja desdentada es una vieja desdentada, pero también tiene su precio, sin engañar a nadie.

Así que con lo de los granates ya nos quedamos por allí. El agua era amarga, pero la cerveza estaba muy fresquita, así que la decisión de Euforbio de establecerse fue aclamada por todos. Y no por temor a su mal látex anticipado por su nombre, que en este caso el entusiasmo se veía sincero.

Nos quedamos por allí. Y a aquella tierra que antes no tenía nombre, de la misma manera que el nombre más común entre hombres y mujeres era Ió, le pusimos Granata, nombre que hizo fortuna en la provincia de al lado: nadie es profeta en su tierra. A nuestro campamento le pusimos Cerveza Fresquita, ignorantes de que en el futuro se llamaría Agua Amarga: siempre hay gente negativa.

Era una región rica, abundante en minas de cobre, plata, estaño, oro, donde los infelices que habían resultado esclavos y no tenían rescate ni mejor habilidad ni suerte trabajaban hasta la fuga o la muerte, lo que llegara antes, no es preciso decir. Esos metales nos permitían establecer mercado con nuestros vecinos, también honrados piratas como dije, que nos daban el trigo y la cebada a cambio del oro y la plata. Pero aún íbamos ahorrando algo, y pensábamos que el regreso sería amable y que por fin seríamos vistos con envidia por nuestros conciudadanos.

¡Ah, vanos sueños!

Una mañana apareció el heraldo de Tributeo, lo que nos sorprendió porque no estábamos en guerra. Nos dijo: necesitamos vuestra ayuda o, muy muy muy a nuestro pesar, tendremos que devastar vuestro territorio, porque nuestra necesidad es imperiosa, y nuestra fuerza forzuda. Cuánta ayuda, preguntó Euforbio. Unos subsidios apenas, respondió el heraldo.

Reunidos en asamblea, se decidió por unanimidad que unos intentarían huir en las naves, otros entregar una ínfima parte de los subsidios y quedar esclavos, otros por fin resistir y morir con gloria caros a los dioses.

Yo fui en el primer grupo, y nos dieron caza y nos hundieron y somos espectros descarnados en el fondo del mar, después de dar de comer a las criaturas de Poseidón, salvador de barcos, cuando quiere.

Demasiada agua, y salada.

domingo, 29 de mayo de 2011

Saginaw

En 1831 Alexis de Tocqueville visita Saginaw, un puesto avanzado habitado por 20 pioneros. Entonces una zona poblada de bosques salvajes, era ya visible que la civilización le pasaría por encima.
Hoy Saginaw es una población de unos 60.000 habitantes. Ahí está, en la región de los Grandes Lagos.
En la península de Michigan

Una región en la que la naturaleza tiene gran protagonismo. Si veis la web local
podréis encontrar avisos de no amontonar el césped segado en los desagües para evitar charcos (mosquitos crían), o de la obligación de cortar la maleza so pena de que el ayuntamiento lo haga a tu costa.
 Pero, ¿dónde están esos bosques continuos? Ya no están. En la foto del satélite vemos campos de cultivo y una curiosa cuadrícula más fina:
 ¡Son casitas y casitas desperdigadas por una cuadrícula de calles! No llegaremos a ningún sitio sin el GPS. Si tenéis la curiosidad de asomaros con el Hombre Amarillo de Google veréis casitas de madera en urbanizaciones, digamos, nada lujosas (también habrá lujo, no lo dudo).

¿Y los mosquitos?
Ahí tienes a la Saginaw County Mosquito Abatement Commission
http://www.scmac.org/Education.htm
En esa página puedes ver una lista con ¡40 especies de mosquitos de Michigan! Incluso una clave de identificación.
Pero es verdad que los mosquitos ya no se divierten a sus anchas como en tiempos de los pioneros, ahora hay unos programas de seguimiento de poblaciones combinados con tratamientos nocturnos contra adultos, así como multitud de actuaciones preventivas para evitar encharcamientos de agua que propicien la multiplicación de los mosquitos, ¡incluso en los neumáticos usados!

Bueno, ya que difícilmente vamos a ir a Michigan, podemos pasar una velada en Isla Mayor. ¡Pif, paf!

Quince días en las soledades americanas

Un librito delicioso de Alexis de Tocqueville, Quince días en las soledades americanas, prácticamente un diario de viaje escrito en 1831, cuando los parajes de los Grandes Lagos todavía eran zona de acción de los pioneros americanos.
Alexis de Tocqueville estuvo dos años de viaje por el país, comisionado por la República francesa para realizar un estudio sobre el sistema penitenciario americano. Hay que leer La democracia en América, que se considera un histórico de la defensa de la democracia y del liberalismo (no en la acepción norteamericana de liberalismo=socialismo).
Los viajeros, Tocqueville y su amigo Beaumont, parten de Nueva York y se dirigen primero a Buffalo, donde tienen la oportunidad de ver a los indios iroqueses desparramados por las calles, en un espectáculo desilusionante, después de haber leído El último mohicano; aquellos indios estaban embrutecidos por el alcohol, peor que las poblaciones igualmente embrutecidas de Europa. Con algo de fiera salvaje además.
Navegan 400 km por el lago Eire hasta Detroit, y allí deciden dirigirse a Saginaw, al NO, lugar aún salvaje en el que existe una pequeña colonia de pioneros.
(...) Peligros que arrostra el americano cuando de lo que se trata es de ganar dinero, pero que alguien haga cosas parejas por mera curiosidad es algo que sobrepasa su comprensión.
Cuenta cómo un neoyorquino le describe los asentamientos típicos:
En América no hay pueblos, al menos en la acepción que se le da en su tierra a esta palabra. Aquí las casas de los granjeros se encuentran dispersas en medio de los campos. El lugar donde se reúnen es una especie de mercado para la población aledaña y en tales pueblos no hay más que abogados, impresores y comerciantes.
¡Ah!, ¿era eso lo de las pelis del Oeste? Pero ahora descubre el bar-room; Han llegado al alojamiento en Pontiac:
(...) y como de costumbre nos introdujeron en lo que se conoce como el bar-room. Se trata de una sala donde se sirven bebidas y en la que se reúnen para fumar, beber y charlar de política desde el obrero más humilde hasta el más rico comerciante del lugar en un ambiente de igualdad aparentemente perfecto.
Cuando se van adentrando en las regiones más despobladas y vírgenes tienen por fin la oportunidad de conocer a los indios en estado nativo:
(…) admirablemente formado, como lo son prácticamente todos ellos. (…) Un indio serio y un indio que sonríe son dos hombres del todo diferentes. (…) salvaje majestad (…) candidez y bondad (…) Al verlo sonreír, le dirigimos la palabra. Él nos dejó hablar sin interrumpirnos y luego nos dio a entender por señas que no había entendido nada.
Por el camino el indio les sigue a pie mientras ellos aligeran el paso a caballo; sin esfuerzo visible salta matas y árboles caídos, como un lobo que siguiera a su presa. Por nada, quizá por puro gusto.
Los grandes bosques:
(…) ¿cómo reconocer el camino?, ¿hacia dónde dirigir la mirada? Inútil es que subáis a la copa de los árboles más altos, otros aún más altos os rodean; o que tratéis de subir a una colina, pues el bosque avanza con vosotros rodeándoos. Ese mismo bosque se extiende ante vosotros hasta el Ártico y el océano Pacífico.
Los mosquitos:
(…) si hubiéramos podido desembarazarnos de las miríadas de mosquitos que llenaban la casa. Pero es algo que nunca conseguimos. El bicho, que en inglés se conoce como “mosquito” (…) es un pequeño insecto (…) y su trompa, tan fuerte y acerada que sólo los tejidos de lana pueden poneros a salvo de sus picaduras. Estas mosquitas son el flagelo de las soledades americanas. Su presencia es suficiente para convertir una larga jornada en algo insoportable.
Qué os voy a decir más, leedlo.
Como derivados me he preguntado, ¿qué ha sido de Saginaw?, ¿y cómo se convive con los mosquitos?
Y de eso hablaremos aparte.