Paseando por el Diccionario etimológico abreviado de la lengua castellana de Corominas encontré el otro día una bonita historia: la de la palabra ostra.
Dejó dicho Corominas que esta palabra se encuentra ya escrita en el 1591, procedente del latín ostrea, ¡a través del portugués! La forma española sería ostria o también, ¡ostia! (documentada ésta en 1335). El paso de ostria a ostia, dice Corominas, parece debido a un juego de palabras sacrílego. El deseo de rehuir este mismo juego sacrílego haría a nuestros ancestros adoptar la forma portuguesa.
En Andalucía (y en muchos países americanos, según Corominas), conservamos la forma ostión para unas ostras más gruesas, y también más bastas de sabor, que se dan por ejemplo por Cádiz, y también por la costa algarvia portuguesa.
Nuestra expresión andaluza, te voy a dar un hostión suele ir con hache, aunque ésta no se pronuncia y será el oyente quien discrimine si va con hache o sin hache: si es con hache, corre, que es un trompazo; si es sin hache lo mismo te van a dar un sabroso bivalvo. Casi seguro va con hache.
Y también se dice en ese sentido de trompazo, aunque más leve, hostia. Pero de eso no nos dice nada Corominas.
Ósquite sería una de esas palabras que señalan y eluden el juego sacrílego, escatológico o insultante. Como me cago en diez, pardiez, me cachis en la mar; y esa mar podría venir del franchuti mere...
Esta historia podría ser un ejemplo de selección competitiva: los que decían ostia serían chamuscados en la hoguera, mientras que los que decían ostra sobrevivían. Qué risa.
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sábado, 8 de marzo de 2014
domingo, 24 de marzo de 2013
No Furnas
El Furnas estaba, en cierto modo aún está, donde las olas revientan contra las rocas, as veces com um trovão que retumba e conmueve los fundamentos del rochedo nel que se assenta. Quando a maré-cheia, la espuma salpica los cristales. O Furnas é um chiringuito, una barraquinha, pero de luxo; não é com certeza de luxo, pero sí de cierto lujo. O Furnas es como una urna de cristal abierta a los cuatro vientos, pero o seu nome não vem da sua forma, o seu nome vem do sitio onde ele está, As Furnas. Las Furnas son buracos en las rocas modificados por la mão del hombre: forman pequenas piscinas de aguas renovables por as ondas y la maré-cheia, con una tapa de viguetas en rejilla. Há quarenta anos e mais se usavam de viveiro de lagosta. Hoje a lagosta, muito mais cara, vive melhor em viveiros de calmas águas marinhas, sem estar exposta a tanto se-retorcer ao som das ondas do mar, en el baño de arena que las mata. También é verdade que a lagosta de agora corre mais em procura dos mercados onde seja devorada por gente que aprecie su verdadero valor y lo pague.
El día era gris y no se distinguían los colores del cielo de los del mar, grises, cremas. Llovía fuerte, las olas rompían sobre las rocas, as veces estouravam num trueno, já disse.
Eu estava encantado com tanto espetáculo, mientras tomaba um pouco de salada de polvo (com cebola em finas rodelas e coentro) e uma cerveja. Logo vinho um pratinho de perceves templados que exhibían esas algas de color verde manzana improbables de ver en percebes que no sean muy frescos. Era de percever. E mais, uma garrafa de vinho branco da região, das castas Riesling, verdejo, albarinho.
Estava a percever a cor e movimento do céu, o som das águas, o sabor do mar e da terra, cuando se oyó; no era una bandada de gaviotas lo que se oía aunque ahí estaba, al otro lado del cristal. Lo que se oía era una pequeña bandada de mulheres, os seus risos. A mais nova estudava em Lisboa e falaba e falaba num som cantarín, as mais velhas faciam risos, encantadas con la suerte de la parienta, que ellas no tuvieron.
En algún momento había venido a mi mesa un camarão tigre. Como se chama, perguntei ao empregado da mesa, camarão tigre, disse ele. Mas o nome próprio, acrescentei. Camarão tigre. Por vezes temos o disco rayado. O seu nome foi Zé. Al menos para mí, su último amigo.
Habían dejado de reventar las olas contra las rocas. No sé cuándo sucedió, pero de pronto fui consciente de ese momento mágico de calma. Y no fui el único, porque las conversaciones habían amainado hasta casi el silencio, pero sin perder el tono animado, las risas. El mar se arrastava hacia dentro mostrando rochas y restos que nadie había visto.
Não se via nada, o céu estava gris, casi negro, tambem o mar. Alguem gritó: uma montanha de água! E era. Una ola gigantesca, inabarcable, venía sobre nosotros. Hubo gritos, deus!, choros, muchos corrieron hacia fuera. A mí me paralizó el miedo; hice algunas fotos, pero en la cámara mojada no se conservaron. No sé qué me dio primero, si las cristaleras como superficie sólida do mar; superficie sólida sob a que arremetiam centos e miles de toneladas de água, ou foram as mesas, os móveis, as pessoas a bater. Num instante estávamos tudos, homes, mulheres, não havia crianças, tudos inseridos numa trituradora de milhões de toneladas de força imparável. Não sei, no sé cuándo dejé de estar vivo para estar morto.
É possível que agora um listo diga, o piense, que esta estória é inverossímil. Um tsunami sem terramoto, hem? (pergunta o listo). Y qué pasa con la ciencia, con el Estado previsor y sus sistemas de alerta extratemprana, qué pasa con la autoridad vejada por la imprevisión. Porque además, O Furnas está ali, como é que o tsunami o reventou. E como é que tu contas esta estória tão incrível se estás morto e triturado.
Pois sim. E em certo modo é. Pero assim foi. Lo que hay que buscar entonces es la explicación de cómo fue posible que sucediera o que contei. Eu posso dar uma ideia, só uma ideia. Y es que el Furnas que existe agora não é realmente o mesmo Furnas que alí havía. Ou sim, é el mismo que había pero no el mismo que estourou. Isso mesmo passa comigo y con las otras personas que estábamos allí cuando el tsunami: no somos realmente las trituradas, aunque seamos las mismas personas.
Creio que dois universos paralelos se chocaron en un agujero, en un buraco, é possivel que numa furna. As coisas dos dois universos se reliaram, de modo que el universo en el que no hubo tsunami conserva el Furnas, al menda y as outras pessoas que ali estiveram, mais um pouco irreais, fantasmais, del mismo modo que el universo en el que sí hubo tsunami y perdió ao Furnas e ao seu conteúdo los ha recuperado, pero del mismo modo irreales. Não há mais que olhar o Furnas em certas noites sem lua, quando sob os cristáis se ven figuras espectrales que se levantam, que derrubam facas e garfos, taças e copos, que gritan en ominoso silencio. Allí podéis verme también, si no estoy en otro lado.
Los dos universos eran idénticos, o casi, hasta ese momento del tsunami, logo se abriram em dois universos incompatíveis, depois foram a reunirse de novo em um único universo. Mas qué sabemos del futuro, origem de todo valor.
Ericeira y Sevilla, marzo de 2013
jueves, 21 de marzo de 2013
La niña del muerto
Estaba la mar en calma entre los esteros y la marisma. La marea baja dejaba al descubierto playas fangosas que relucían al sol dorado de la tarde tarde. Si hubiésemos podido volar, como las aves que vuelan, habríamos visto una ría lodosa entre tierras cubiertas de juncos. Al subir un poco más veríamos que esa pequeña ría, con los garabatos de los meandros que se crían en las aguas planas, forma parte de otra ría de la misma forma a mayor escala; así sucesivamente, veríamos un paisaje de arabescos barrocos poseídos de horror al vacío. Y pese a ser iguales, cada uno es único, no una copia; porque no hay un modelo, ni tampoco un autor: solo situaciones parecidas tallaron arabescos parecidos.
El terreno estaba poblado de cangrejos violinistas que interpretaban una melodía asustadiza con la brisa y las olas al romper allá lejos. Bastaba el grito de un niño para dejar la playa despoblada en un segundo: todos los violinistas desaparecerían, cada cangrejo en su agujero. Todos esos chicos listos que levantaban la mano y el violín como para que el profe les preguntara, todos desaparecidos.
Un viejo requemado está sentado en un bote y tira un sedal hacia las aguas más profundas.
- Niña, ten cuidado al andar por esas aguas, te tropieces con un muerto, que hay muchos.
- ¡Na!, ¿pican?
- ¡Na!
El muerto es una piedra grande con un agujero para pasar una cuerda, y sirve de ancla para los botes. Vuelve la niña cargada con una de esas piedras.
- Niña, qué haces, dónde vas con ese muerto atado al cuello, te tropieces y te ahogues.
- No, voy ahí mar adentro hasta donde cubra y ya no pueda más y me ahogue.
- Chiquilla --dice rijoso el viejo--, tan morena y tan guapa y vas a perderle el muerto a Jacinto.
- Yo, cuando termine, se lo puede llevar.
- Pero en lo hondo, y luego el juez y todo el lío.
- Ay, bueno. No se puede hacer nada.
Un viejo requemado está sentado en un bote y tira un sedal hacia las aguas más profundas.
- Niña, ten cuidado al andar por esas aguas, te tropieces con un muerto, que hay muchos.
- ¡Na!, ¿pican?
- ¡Na!
El muerto es una piedra grande con un agujero para pasar una cuerda, y sirve de ancla para los botes. Vuelve la niña cargada con una de esas piedras.
- Niña, qué haces, dónde vas con ese muerto atado al cuello, te tropieces y te ahogues.
- No, voy ahí mar adentro hasta donde cubra y ya no pueda más y me ahogue.
- Chiquilla --dice rijoso el viejo--, tan morena y tan guapa y vas a perderle el muerto a Jacinto.
- Yo, cuando termine, se lo puede llevar.
- Pero en lo hondo, y luego el juez y todo el lío.
- Ay, bueno. No se puede hacer nada.
jueves, 14 de marzo de 2013
UNA HISTORIA ROMÁNICA
Aunque la muchacha iba vestida con todo recato, y al entrar
en la iglesia llevaba el velo de rigor, de su figura y movimientos se
desprendía un aire de juventud y sensualidad. Busca enseguida su sitio y se
arrodilla y mantiene la frente reverencialmente baja, pero los rizos rojos que
escapan de su velo están declarando su insumisión. La he visto cuando va a
lavar al arroyo, cuando se arrodilla sobre las piedras para refregar la ropa y
brillan al sol los dorados pelillos de sus piernas mientras sus nalgas y su
espalda siguen el vaivén de sus brazos sobre la colada. Los brazos arremangados
están rojos de esfuerzos y de aguas frías y de sol e intemperie, la piel de las
manos y las uñas están estragados, pero a veces asoma una porción de brazo aún
virgen que permite ensoñar. No me mires así, Magdalena, soy un hombre.
Ya sabes que al monasterio entran muchachos muy jóvenes,
niños, que en su juventud no conocerán otra vida que la monacal. Ese día que
decía antes estaba en el coro Esteban, un joven inquieto que entró así, de
niño. Cantaban con dulzura esas canciones en las que trituran infieles y patean
sus despojos contra el polvo mirando al cielo amorosamente. Pero son en latín y
los fieles no saben realmente de qué se habla, sólo cosas sueltas. Este Esteban
seguro que te parecería un buen mozo. Un día de calor que trabajara en el
huerto podrías haberlo visto a la hora de rellenar el cántaro, cómo se refresca
en la fuente la cara y el cuello, rojos y sofocados, el pelo castaño sudado, cómo
se descalza de las toscas sandalias y mete los pies cuadriculados por el sol y
ennegrecidos por la tierra y el sudor en el pilón; podrías haber visto sus
formas finas, de un muchacho dedicado a la oración y sólo en parte al rudo
trabajo del huerto. Te gustaría, me parece.
No sé cómo puede ser que en la penumbra de la iglesia se
vean como seres distintos, y más aún cómo pudieron ir estableciendo un lenguaje
mudo que les sirviera para apasionarse uno de otro y transmitirse su pasión.
Incluso creo que no hay tal lenguaje ni intercambio alguno de información, sino
sólo dos pasiones solitarias que por azar tienen objetos recíprocos. Bueno, sí,
eran jóvenes, y bellos.
Piensa que Esteban, sujeto a las reglas de la Orden, tiene
un padre tutor que le interroga cada día, que para ocultarle durante días y
semanas su estado de ánimo el joven ha tenido que intuir la necesidad de esta
doblez. Culpa, pues, y por tanto remordimientos, sufrimiento del alma. Ella
también sabe que es ilícito el objeto de su amor, y también sufre por eso. Así
que además de las naturales dudas de los enamorados, de su miedo a que el amor
del otro cese en cuanto dejen de verse, estos enamorados sufren por la culpa y
los remordimientos.
A Esteban lo enviaban los viernes al pueblo a llevar a un anciano
feligrés benefactor su dosis semanal de medicinas y de licor monacal.
Últimamente el instinto del joven lo acercaba por el arroyo, por la zona en
donde solían hacer las mujeres su colada. Y aunque, como sucede con algunos
animales, las mujeres se agrupaban para defenderse de posibles depredadores,
Elena buscaba la soledad de los recodos del arroyo para mejor reconcentrarse en
sus amores. Un día tenían que encontrarse, y sucedió después de varios desencuentros
de fugaces visiones huidizas. Él la vio de lejos y se paró y procuró hacer
ruido para no irrumpir furtivo; ella se sobresaltó pero quedó quieta a la espera. Se
miraron largamente; luego él se fue acercando, a intervalos, parando, ambos sin
dejar de mirarse. Cuando Esteban se sentó junto a Elena ambos estaban sufriendo
un incendio. Se tocaron las manos, la cara. No sigo, no sé cómo sigue, es que ya miré para otro
lado; Magdalena, suéltame la pierna.
No sé hasta dónde llegaron aquel día, ni si el encuentro del
siguiente viernes fue ya planeado, pero cuando a principios de otoño Elena
murió de unas fiebres, su cuerpo ya contenía el germen de una nueva vida que se
perdió con la suya. Esteban quedaría consumido por la culpa; y aunque confesó y
vive como un penitente no puede evitar pensar que el destino de Elena había
sido un castigo a sus pecados, los de él, sigue pensando aún en su vanidad.
- ¿Y fue un castigo?, pregunta Magdalena.
- Tanto pecado no podía quedar impune, mujer.
- Pero, ¿no me ibas a contar una historia
romántica?
- ¿Romántica?, ¿no era románica?
P.S. 21/03/13. No sé, no sé. ¿Convendrá añadir una última línea? Por la conveniente redundancia. Ahí queda para quien la quiera:
- Ay, Señor.
P.S. 21/03/13. No sé, no sé. ¿Convendrá añadir una última línea? Por la conveniente redundancia. Ahí queda para quien la quiera:
- Ay, Señor.
sábado, 9 de marzo de 2013
Ingenio en la praia da Baleia
En la praia da Baleia hay instalado un gran ingenio. Una red formada a su vez por paños de red unidos por mosquetones, o perrillos, a su vez sujeta por un sistema de postes. Me dice un viejo pescador, sin parar de piscar o olho esquerdo, que la instalación fue colocada ahí por los antiguos habitantes del sitio para practicar su deporte favorito; aquellos habitantes se fueron ya todos hace muchos años en sus naves espaciales. En grandes líneas el deporte consistía en ponerse en un punto señalado frente a la red, que está situada en la base de un talud de gran ángulo de elevación y una altura sobre la base de la red de unos 20 metros. Mientras el jugador está situado en su base, de cara a la red, un grupo de asistentes empuja una gran piedra en lo alto del talud, que cae dando tumbos pavorosos ladera abajo.
Si la red estuviera rígidamente sujeta probablemente sería atravesada por la mayoría de esas grandes piedras, que pueden fácilmente pesar unos buenos cientos de kilos. En tal caso el jugador raramente acabaría victorioso. Sin embargo el sistema emplea el ingenio humano (o extraterrestre en este caso) para repartir al máximo los esfuerzos entre todos los elementos. Para empezar, un paño de red no está rígidamente sujeto a la estructura; está unido a los adyacentes por los mosquetones o perrillos, y terminado en sus bordes superior e inferior por sendos cables de acero de, digamos, 10 mm de sección, capaces de resistir a tensión una montaña. A su vez los cables de acero se sujetan a cada poste a través de poleas, por lo que al tensarse la red al recibir el peñascazo tira de los cables que a su vez transmiten los esfuerzos a todos los postes. Porque si la red estuviera rígidamente sujeta a un par de postes probablemente sería atravesada por el peñasco, salvo que el peñasco tumbase a la red con los dos postes. Pero ya hemos visto que los dos postes inmediatos al impacto serán socorridos solidariamente por todos los demás, sin regatear esfuerzos, nada de eso de que cada pavo aguante su vela.
Cada poste, una viga de perfil doble T, está sujeto por arriba y por abajo. Por arriba está sujeto por vientos; por abajo la sujeción al anclaje del terreno es pivotante: le permite al poste cabecear hacia afuera, como la caña del cuento, que se doblaba cuando soplaba el viento, mientras el orgulloso roble de recia madera era quebrado por el huracán. El pivote no da libertad sin embargo para tumbarse de lado y verlas pasar, no, no es posible. En cuanto al sistema de vientos que afianza la parte superior del poste, está formado por dos vientos, anclados a derecha e izquierda y muy por arriba en el talud, bueno, a una altura intermedia entre la base del poste y su coronación. ¿Y las distancias a izquierda y derecha?, te preguntarás ansioso. Justo a medio camino entre poste y poste. Como se ve, se ha tomado el criterio ingenieril (había otros posibles criterios ingenieriles, pero este es bonito) de que en el punto medio está la virtud: punto medio entre arriba y abajo, punto medio entre poste y poste tanto a derecha como a izquierda. Los vientos quedan sujetos al anclaje con un exceso de cable recogido en varias vueltas y un sistema de perrillos, ahora sí son perrillos, que afianzan la ojiva del cable sobre sí mismo. ¿Estará previsto que en caso de necesidad los perrillos dejen resbalar al cable sobre sí mismo rechinando los dientes? No diría yo que no.
Ah, pero los postes extremos resultarán arrancados por el esfuerzo, pensarás no sin razón, pero también así lo pensó el marciano que concibió el ingenio, que dispuso otra cosa. Los postes extremos no pivotan en el sentido de cabeceo hacia delante-detrás, sino en el mismo plano derecha-izquierda. O sea, no cabecean sí- sí sino no-no, aunque un no-no con tortícolis. Y su sistema de vientos, el sistema de vientos de los postes extremos, cuenta con un viento extra de apoyo lateral.
Vemos ahora que han llegado hasta los postes extremos los cables de sujeción de la malla, recordemos, cable superior, cable inferior, corriendo por poleas sujetas a cada poste. También en los postes extremos los cables pasan por sendas poleas, ¿qué pasa entonces con el extremo de los cables? Ah, esos extremos van a sus respectivos anclajes, pero ahora no se conforman con las vueltas y los perrillos como los vientos, ahora van a anclarse al extremo de una pletina de acero doblada sobre un bulón; el otro extremo de la pletina se aleja un buen tramo, muy tieso, del bulón de anclaje, de modo que parece que, si fuera necesario, al tirar el cable con suficiente fuerza del extremo de la pletina la forzaría a flexarse y estirarse alrededor del bulón permitiendo al cable perder tensión. Monstruoso.
Mientras el peñasco chocaba con la red y ésta se tensaba y los postes batían sí-sí tensando sus vientos y los cables se tensaban sobre las poleas y los postes extremos batían no-no y los cables tiraban de las pletinas que chirriaban, ay, el jugador podía apartarse de ese horror o quedarse en el sitio. Si se apartaba perdía el juego. Tanto si la piedra quedaba finalmente sujeta por el ingenio, que era lo habitual, como si el ingenio cedía, el jugador perdía el juego. Pero en el caso de que el ingenio cediera, la retirada del jugador solía ser ovacionada: perdía, sí, pero con gloria. Si el jugador no se apartaba y, como era más normal, la piedra quedaba neutralizada por el ingenio, el jugador ganaba y era el nuevo héroe de las fiestas. Pero si el jugador no se apartaba y el sistema cedía y se abatía sobre él con inmensas fuerzas no doblegadas, entonces el jugador no ganaba, y perdía la vida sin gloria. Se debió apartar, pensaban los severos espectadores.
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| Perrillos en día libre |
lunes, 25 de junio de 2012
La gaviota reidora y el cangrejo artificial
Ja, ja, ja, le dijo el cangrejo artificial a la gaviota reidora, quien ríe
último ríe mejor.
(El cangrejo artificial estaba fabricado con harina de gaviota y estructurante fibroso)
PS 1.:
Jaá, rió la gaviota mientras se engullía al cangrejo.
PS 2.:
Jo, jo, jo, dijo el señor fabricante de cangrejo artificial a base de harina de gaviota mientras la gaviota pasaba por la máquina picadora.
PS 3.:
Ja, ja, ja, le dijo el cangrejo artificial a la gaviota reidora, quien ríe último ríe mejor.
PS 4 = PS 1
PS 5 = PS 2
PS 6 = PS 3
PS n+1.- Y vuelta y vuelta, sin punto de suspense.
PS n+2.- Moraleja: quien ríe más es Deus ex Machina.
PS n+3.- Pero eso ya lo sabíamos porque es el único que come gratis.
PS fin.- Olvidemos la moraleja y quedémonos con la matraca.
(El cangrejo artificial estaba fabricado con harina de gaviota y estructurante fibroso)
PS 1.:
Jaá, rió la gaviota mientras se engullía al cangrejo.
PS 2.:
Jo, jo, jo, dijo el señor fabricante de cangrejo artificial a base de harina de gaviota mientras la gaviota pasaba por la máquina picadora.
PS 3.:
Ja, ja, ja, le dijo el cangrejo artificial a la gaviota reidora, quien ríe último ríe mejor.
PS 4 = PS 1
PS 5 = PS 2
PS 6 = PS 3
PS n+1.- Y vuelta y vuelta, sin punto de suspense.
PS n+2.- Moraleja: quien ríe más es Deus ex Machina.
PS n+3.- Pero eso ya lo sabíamos porque es el único que come gratis.
PS fin.- Olvidemos la moraleja y quedémonos con la matraca.
Manual de uso.- Este cuento puede cortarse por cualquiera de sus líneas de puntos (no suspensivos), situadas antes de cada PS.
domingo, 17 de junio de 2012
Tres buitres sobrevuelan
Es junio, faltan sólo unos días para
el solsticio de verano, el día más largo del año, el que marca
aquí en el Sur oficialmente el inicio del periodo de achicharrarse sin clemencia.
Tres buitres sobrevuelan alto mi patio,
desviados de sus habituales centros de encuentro. Huelen la muerte de
la casa que fundé hace, ni siquiera, veinte años.
Para vosotros, buitres, no hay nada que
repartir, no hay carne podrida, ni huesos, sólo muebles, objetos
traídos de mil sitios; mil no, número estimable quizá como breve
múltiplo de los dedos, ¿diez, veinte, treinta?
Piedras del mar de Odeceixe, del mar de
Agua Amarga, de Almerimar mediterránea, del fluvial Ponte da Barca
del río Lima, de remansadas aguas del estuario del Anllons, de
tierras de Galaroza, de Valdelarco, de Cabra, de Cortelazor, del
volcánico Almonaster, del submarino volcán que emergió en Níjar;
piedras, piedritas, enterradas, exhibidas, olvidadas.
Maderas, restos de naufragios de mesas
de cocina, de barcos, de casas arrojadas al mar, boyas perdidas,
cuerdas y tanzas. Restos de monstruos marinos menores, de moluscos de cáscara translúcida u opaca, restos de bigarillos, cañaíllas, ostras.
Ollas, panela de ferro, paellas,
sartenes de migas, cazuelas de barro, cataplana de cobre zincado. Navarra
bota de vino, trébedes, botijos, dornillo de abedul, cestos de caña,
de varetas de olivo, de lascas de castaño, de esparto de atocha. Un
fuelle para avivar el fuego, grandes troncos de leña de encina. Un
dragón fumador de hierro forjado de Úbeda, un caballo inocente, no
de Troya, de Toys'r us; sillas, taburetes de Eneas, mesa de Lopera,
biergo de castaño de Zafra, pulidas raíces de brezo, rescatadas de
la podredumbre. Móviles de pájaros y avispas y agallas de melojo y palitos de saúco de Jabugo, maravilla de niños.
Para vosotros, buitres, no tengo
cadáver de semoviente, salvo el de las cuatro bicicletas olorosas a
grasa seca. Poca sustancia para vuestro apetito.
Y no tengo cadáver de habitante,
buitres, salvo el mío, y aún lo necesito un tiempo, no me esperéis.
| Tres buitres. ¡Otro! |
miércoles, 30 de mayo de 2012
¿Seres racionales?
La persistente creencia en la suerte.
Somos seres vivos, moldeados por cientos de miles, millones de años de evolución. La razón es un aparato relativamente nuevo, de uso limitado.
Somos seres vivos, moldeados por cientos de miles, millones de años de evolución. La razón es un aparato relativamente nuevo, de uso limitado.
Sala i Martín, en Los druidas de la modernidad, se rebela contra los adivinos enrachados de la economía.
Ilustra cómo en un gran grupo de potenciales adivinos habrá un
grupo que acierte y, a su vez, seleccionados los acertantes, un
subgrupo acertará, y así sucesivamente. Hice una entrada en este blog con un tema análogo. Cuenta de una experiencia
en la que estudiantes que tienen conocimientos y datos para juzgar
racionalmente una experiencia, se decantan sin embargo por la magia
de las rachas de suerte.
No se convence fácilmente a otro
Krugman se queja de que A veces la evidencia no es evidente. Y no sé si en el sentido concreto de sus
quejas tiene razón, porque a veces la creencia en la evidencia no
implica que ésta exista. Que exista evidencia, recordemos a Popper, no significa que estemos viendo la verdad, siempre escurridiza, es la posibilidad de falsación lo que caracterizaría a las teorías sobre la verdad (o verdades). Krugman cita un artículo, Don't Like the Message? Maybe it's the Messenger, en el que Justin Fox afirma que no examinamos mensajes con la mente abierta, salvo si vienen
a través de un miembro reconocido de nuestra comunidad cultural, o
nos favorece.
Cuenta Fox una vieja experiencia en
la que se pasa una película de un partido de fútbol a dos grupos de
estudiantes; los árbitros toman numerosas decisiones erróneas que
favorecen a un equipo, y cuando se pregunta a los estudiantes por los
errores arbitrales, los que eran del equipo perjudicado ven el doble
de errores que los del equipo beneficiado. Y quién no conoce personas inteligentes que atribuyan las virtudes a los chicos de su equipo y los más horribles vicios al contrario. No es cosa de otros: lo llevamos dentro.
El cuadro
Así que ya está pintado el cuadro de
primitivos danzantes al ritmo del chamán, de tribus simiescas
increpándose desde ambos lados de la trinchera, lanzándose feroces argumentos.
¿Nos esforzaremos en no darle la razón
a este triste cuadro?
PS 31/05/12.- Pensamos, ¡esos simios!. Pero somos nosotros, todos nosotros, los que llevamos dentro el alma simia. Cuando pensamos, ¡es evidente!, ojo, piensa: muy probablemente mi alma simia traicione mi razón.
PS 31/05/12.- Pensamos, ¡esos simios!. Pero somos nosotros, todos nosotros, los que llevamos dentro el alma simia. Cuando pensamos, ¡es evidente!, ojo, piensa: muy probablemente mi alma simia traicione mi razón.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Al principio venían
Al principio venían de uno en uno, o
en pequeños grupos, a veces en grupos más numerosos, sonreían o
hacían gestos aparentemente conciliadores, ofrecían intercambios.
Aunque no sabíamos sus intenciones reales, sus designios ocultos,
nosotros les dejábamos acercarse y les correspondíamos
intercambiando, ofreciendo en el canje algunas pequeñas cosas que
seguramente necesitaban.
Su actitud se fue haciendo más
resuelta, puede decirse que más provocativa, generando inquietud
entre nosotros con sus actitudes y sus palabras. Venían en grupos
numerosos, o en pequeños grupos, a veces de uno en uno. Pronto la
inquietud entre nosotros fue creciendo, por sus ofensas, por sus
insultos continuados. Con gran hipocresía afectaban sentimientos
fraternales hacia nosotros, mientras claramente traslucían sus
siniestros designios acerca de nuestro pueblo y nuestro futuro.
Maestros de la doblez, querían aparentar actitudes desinteresadas,
pero no nos engañaban; nosotros percibíamos con total claridad y
transparencia lo ofensivo, lo perverso, lo insultante y provocador de
su comportamiento aparentemente inocente que no podía engañar a
nadie.
Tuvimos que defendernos antes de que
nos sorprendieran. Ahora nuestro pueblo vuelve a respirar en paz,
conjurada por fin la insoportable amenaza de esos discursos
disolventes que se pueden concretar en la odiosa palabra, la más
hipócrita y destructiva: libertad.
domingo, 18 de marzo de 2012
Tiritaba y tiritaba
En nuestra lati..., por nuestro lao, quería decir, las cosas se calientan más que se enfrían, y eso es lo que ha pasado con esta especie de cuento invernal. Se formó a partir de materiales de acarreo, en este caso el blog de Muñoz Molina dejó un día un comentario de Consuelo, que vive en una ciudad alemana de nombre irrecordable. Consuelo hablaba de dos cosas distintas: un hombre que tiritaba y tiritaba; la noticia de que a los elefantes de nosedónde que estaría en las Rusias les daban vodka para el frío (el frío de quiénes). Todo forma parte de una única historia que he tratado de recomponer.
Soy una mirona. En el tranvía disfruto, me puedo esconder y espiar sin ser notada. Hay que tener cuidado con los cristales, para que no te vean en el reflejo. Pero sí, el hombre estaba cerca de mí, pero en el otro lado del pasillo, y en una fila antes que la mía, por lo tanto podía mirarle perfectamente, eso sí, solo un lado, y le veía la mandíbula, la cara roja, las manos grandes y ásperas. Tiritaba y tiritaba. Quizá estaba con gripe, y el frío que sentía era de enfermedad.
Casi me paso mi parada, no era capaz de mantener el equilibrio, iniciaba un paso y se me iba el cuerpo para atrás y para el lado y tenía que inclinarme hacia delante para dominar mal que bien el movimiento descompasado. Me han visto algunos vecinos.
Bajó en la misma parada que yo, pero no vive en mi calle. Le perseguí durante unos metros, pero a distancia, nunca vi andar a nadie haciendo tan perfectas las eses.
Soy un elefante. Esta mañana apareció nuestro amable cuidador a hora no habitual con su cabezota roja, muy contento a pesar del frío; llevaba en el carro varios cubos llenos, al llegar a nuestra altura paró, llenó un vasito en uno de ellos y, glop, se lo echó al coleto. Vodka, dijo, para el frío, y nos arrimó un cubo. ¡Vaya, quema la trompa!
Mi marido es así, no sé qué será de él el día que yo reviente: ¡otra vez con la trompa!
Soy cuidador del zoo. Qué vergüenza.
Con el frío no medí bien: me tomé algunos tragos para entrar en
calor, mientras atendía a los elefantes, no recuerdo cuántos,
tragos, no elefantes, porque el frío apretaba a esas horas de la
mañana. Los elefantes me miraban con cara de reproche, a veces se
les nota la inteligencia que tienen. Después de tantos tragos, a
duras penas pude llegar al tranvía, coger un asiento. Tenía el
cuerpo cortado por las muchas horas de vodka y de frío y me entró
una tiritona terrible, tiritaba y tiritaba.
Soy una mirona. En el tranvía disfruto, me puedo esconder y espiar sin ser notada. Hay que tener cuidado con los cristales, para que no te vean en el reflejo. Pero sí, el hombre estaba cerca de mí, pero en el otro lado del pasillo, y en una fila antes que la mía, por lo tanto podía mirarle perfectamente, eso sí, solo un lado, y le veía la mandíbula, la cara roja, las manos grandes y ásperas. Tiritaba y tiritaba. Quizá estaba con gripe, y el frío que sentía era de enfermedad.
Casi me paso mi parada, no era capaz de mantener el equilibrio, iniciaba un paso y se me iba el cuerpo para atrás y para el lado y tenía que inclinarme hacia delante para dominar mal que bien el movimiento descompasado. Me han visto algunos vecinos.
Bajó en la misma parada que yo, pero no vive en mi calle. Le perseguí durante unos metros, pero a distancia, nunca vi andar a nadie haciendo tan perfectas las eses.
Soy un elefante. Esta mañana apareció nuestro amable cuidador a hora no habitual con su cabezota roja, muy contento a pesar del frío; llevaba en el carro varios cubos llenos, al llegar a nuestra altura paró, llenó un vasito en uno de ellos y, glop, se lo echó al coleto. Vodka, dijo, para el frío, y nos arrimó un cubo. ¡Vaya, quema la trompa!
Mi marido es así, no sé qué será de él el día que yo reviente: ¡otra vez con la trompa!
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| Un antepasado de los elefantes del zoo Para dar colorido namas |
martes, 28 de febrero de 2012
El río Agné
Soy el río Agné,
vivo en la región de Tolicia, en África Sur-oriental, entre los
montes Mun-tung y el río Palmarvá.
Me gustan las
estaciones, las del año.
Cuando vienen las
lluvias mi cauce caudaloso se agranda y se llena de remolinos y
rápidos que arrastran fragosas rocas, piedras que entrechocan con
estrépito, se llena de troncos y ramas y techos de chozas, de bueyes
hinchados, de aves inertes con sus plumas pegadas al cuerpo flaco;
allá donde empujan mis aguas crecidas y bravas en oleadas contra las
orillas reblandecidas tumban más árboles, rocas, lodos, chozas,
arrastran muebles, animales, hombres.
En el otro
extremo, la estación seca. Débiles flujos de aguas subálveas bajo
cantos rodados y arenas que fueron montañas. Charcos barrosos. Aguas
podridas con insectos hambrientos: ditiscos, madres de agua, voraces
larvas de libélula, zig-zag de zapateros.
Cruzo por la
región del Poblado-del-Hombre, donde la tribu Qtrdig vive de las
cosas de allá, de criar algunos bueyes, de cultivar algunas patacas, de lo que pillan.
Tengo allí un
vado en época seca, que en época de lluvias es casi practicable en
barca.
Los hompres de
allí cruzan mis aguas, a pie o en barca, para atender sus asuntos de
la otra orilla.
Y los cocodrilos del río ven este tráfico con buenos ojos, ya que les proporciona alimento, no obstante es un alimento peligroso, que no se conforma fácilmente con su suerte y que suele llevar estacas agudas y otras defensas, por lo que los cocodrilos, en general, prefieren a los bueyes. Que además tienen más alimento.
Para los hombres
yo soy un dios, el dios Agné. Los cocodrilos son otro dios, el dios
Setec, así se decía. Y han aprendido a apaciguarnos con varios
ritos. Por ejemplo, cuando mis aguas se revuelven al máximo
organizan un baile ruidoso que les ocupa varios días. Tiene que ser
ruidoso porque los cocodrilos salen de mis aguas con esas crecidas,
los cobardes. Aún así puede haber alguna baja humana, pero a los
nueve meses hay numerosas altas, tengo observado.
Otro
rito.- La “Barca de Setec” es una barca sagrada, en cuya proa hay
una cabeza de cocodrilo y a popa una cola que se curva hacia dentro,
ambas de madera, para no provocar, quizá. En esta barca pasan los
hombres y algunas mercancías de una orilla a otra.
Otro
rito más.- Sacrificios. Cuando se hace el paso anual de hombres y
ganados por el vado, se realizan sacrificios a ambos lados, para que
Setec les sea propicio. Y lo es. Sólo algunos años especialmente
duros los hombres sacrifican a los suyos, creen que así apaciguan a
algún dios.
Puede
decirse que gracias a la piedad de los hombres la población de
cocodrilos se mantiene a niveles óptimos junto al vado.
A
mí sin embargo no me afectan las pequeñeces de los hombres, aunque
he oído que hay colegas de la margen izquierda del Palmarvá cuyas
aguas se llenan de desechos humanos. Debe ser una exageración de mi
gente. Aunque cuando el río suena, agua lleva, dice el dicho.
martes, 31 de enero de 2012
Los felices 50
Repesco la noticia de un estudio, algo así como una encuesta en la
que la gente (probablemente la población del bar de Moe antes del cierre)
puntuaba su sensación de felicidad a lo largo de los años.
(Leche, no hay detalles. Además no encuentro el
artículo.)
Pero sí recuerdo una hermosa gráfica como esas de
la bolsa, en la que una línea se pasea de izquierda a derecha, acercándose y alejándose del eje de las abscisas, las que escinden con la edad.
Iba rodando abajo, rodando abajo, con altibajos,
hasta lo más bajo, y luego, ya pasado lo más bajo, no tenía más remedio que
subir, para no quedarse aburrida al nivel del mínimo.
¿Y cuál era el punto más bajo? Los 50 años.
Así que quería daros a todos los cincuentones la enhorabuena:
estadísticamente vamos a mejón. Alegrad el cuerpo. Y a los cuarentaañeros: no desesperéis.
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| Curva de la felicidad: recreación artística |
jueves, 19 de enero de 2012
Todo el cuerpo recubierto de bronce pavoroso
Vale, de momento no he sido capaz de escribir este cuento, ni siquiera el título vale, copiado tal cual de la Ilíada: fíjate de momento en el lenguaje poderoso que hay que recrear. Quizá una tormenta seca hace que un rayo fulmine a un personaje del que Homero no dio cuenta; el rayo de Zeus resonando en la broncínea lanza, en la coraza que ya busca el suelo, aprisionando a un guerrero muerto.
Señal del cielo que cuenta nuestro héroe secundario.
Están junto al Escamandro; el héroe cuenta cómo la pasada noche estuvieron celebrando la muerte de Patroclo, el bello amante del bello Aquiles, a manos de Héctor. Cómo el vino fue abundante y también el deseo de emborracharse, de aplacar el miedo amontonado día tras día.
Recuerda su casa, caricias juveniles de una amada.
Al levantarse tiene los sentidos embotados, los nervios y el cerebro marinados en alcohol no cumplen bien su función coordinadora de los movimientos, aunque de eso habrá que encontrar una metáfora menos anacrónica.
Cuenta cómo ve torpemente que hay carreras, revuelo, pero su pasmo lo mantiene clavado al sitio hasta que oye un furioso grito mientras que a él se dirige un enemigo todo armado, blandiendo la lanza que le pasa rozando el cuello; que el enemigo le da muerte, ya veremos de qué horrible modo.
Cuenta cómo ahora su cuerpo despojado va a ser alimento de los perros.
Señal del cielo que cuenta nuestro héroe secundario.
Están junto al Escamandro; el héroe cuenta cómo la pasada noche estuvieron celebrando la muerte de Patroclo, el bello amante del bello Aquiles, a manos de Héctor. Cómo el vino fue abundante y también el deseo de emborracharse, de aplacar el miedo amontonado día tras día.
Recuerda su casa, caricias juveniles de una amada.
Al levantarse tiene los sentidos embotados, los nervios y el cerebro marinados en alcohol no cumplen bien su función coordinadora de los movimientos, aunque de eso habrá que encontrar una metáfora menos anacrónica.
Cuenta cómo ve torpemente que hay carreras, revuelo, pero su pasmo lo mantiene clavado al sitio hasta que oye un furioso grito mientras que a él se dirige un enemigo todo armado, blandiendo la lanza que le pasa rozando el cuello; que el enemigo le da muerte, ya veremos de qué horrible modo.
Cuenta cómo ahora su cuerpo despojado va a ser alimento de los perros.
martes, 13 de diciembre de 2011
Ministerio de los Sueños
¿Podríamos acercarnos, sólo un momento, al Palacio de los Sueños de Kadaré, el enorme edificio donde se espesa el poder, en el que se analizan los sueños de los ciudadanos? Sus alas se pierden en la llovizna, el cuerpo central retrocede esquivo. En esta gran mole residen los privilegios, pero sus pasillos, sus interminables series de puertas cerradas, las sombras apresuradas que atraviesan fugaces y lejanas generan inquietud.
Funcionarios del Ministerio de los Sueños han determinado, en informes terminantes que ya no pueden ser objeto de recursos, que el hombre sueña con la suerte. Ellos también sueñan probablemente con la suerte, la suya podría ser perpetuar y ampliar su poder, conseguir que los ciudadanos voluntariamente aporten sus esfuerzos, sus patrimonios, sus vidas, sus almas.
Habría que rebatir sin discusión la falsa creencia de que el individuo, aún parcial y fragmentariamente, es sujeto de su destino. El individuo debe comprender, debe sentir que sólo a través de la integración podrá alcanzar sus sueños.
En la Fábrica de Sueños, gracias a tu colaboración, podemos interpretar tus deseos. Que sólo podrás aspirar a alcanzar con nosotros. Sólo observa la realidad, mira la tele.
Funcionarios del Ministerio de los Sueños han determinado, en informes terminantes que ya no pueden ser objeto de recursos, que el hombre sueña con la suerte. Ellos también sueñan probablemente con la suerte, la suya podría ser perpetuar y ampliar su poder, conseguir que los ciudadanos voluntariamente aporten sus esfuerzos, sus patrimonios, sus vidas, sus almas.
Habría que rebatir sin discusión la falsa creencia de que el individuo, aún parcial y fragmentariamente, es sujeto de su destino. El individuo debe comprender, debe sentir que sólo a través de la integración podrá alcanzar sus sueños.
En la Fábrica de Sueños, gracias a tu colaboración, podemos interpretar tus deseos. Que sólo podrás aspirar a alcanzar con nosotros. Sólo observa la realidad, mira la tele.
martes, 6 de diciembre de 2011
Partieron naves
De allí partieron naves para el Océano que descubrieron islas y continentes. De aquel planeta partieron nuestros abuelos y colonizaron mundos y estrellas. Nosotros sin embargo hemos nacido en este pequeño mundo artificial y viajero.
Nuestra suerte ha sido mala, hemos sido captados por la irresistible gravedad de un agujero negro de masa diez mil millones de veces la del sol de nuestros abuelos. Es un raro espectáculo: en su sector del espacio, que abarca siete veces el tamaño del sistema solar de donde partió nuestro mundo, no hay nada, ninguna estrella, cercana ni lejana.
¡Y sólo me distraje un momento!
Mejor no digo nada, hay gente que despierta de muy mal humor.
Nuestra suerte ha sido mala, hemos sido captados por la irresistible gravedad de un agujero negro de masa diez mil millones de veces la del sol de nuestros abuelos. Es un raro espectáculo: en su sector del espacio, que abarca siete veces el tamaño del sistema solar de donde partió nuestro mundo, no hay nada, ninguna estrella, cercana ni lejana.
¡Y sólo me distraje un momento!
Mejor no digo nada, hay gente que despierta de muy mal humor.
martes, 22 de noviembre de 2011
FUTURO INCIERTO
Ya se empiezan a escuchar negros rumores de recortes y duros efsuerzos para los "priviligiados funcionarios " que tenemos la suerte de tener al estado como Jefe,
Se habla del 20% en el sueldo y peligra navidad, y solo han pasado 48h desde el 20 N .
¿ volveremos a las barricadas , o tendremos simplemente que pasar las vacaciones en Grecia ?
Se habla del 20% en el sueldo y peligra navidad, y solo han pasado 48h desde el 20 N .
¿ volveremos a las barricadas , o tendremos simplemente que pasar las vacaciones en Grecia ?
sábado, 19 de noviembre de 2011
Izquierda, izquierda, derecha, derecha
Alante y atrás. La yenka.
Dice África que la han llamado para una encuesta de un Organismo Público Encuestador. Le preguntan cómo se identifica entre 0 extrema izquierda y 10 extrema derecha. Y yo me digo, ¡un momento!
¿Dónde ponemos la tiranía?, para irme al lado opuesto. Pero la tiranía la tenemos por los dos lados. Vaya. ¿Qué cualidad podemos poner en un eje para que pueda hablarse de dos polos?
¿Estatalismo? No
¿Libertad? No
Necesitamos al menos otra dimensión: planilandia
Pero a los tiranos de ambos bandos les encanta silenciar otras opciones. Bueno, pero la libertad siempre será una opción de cuatro chalaos. ¡Me lo pido!
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Dice África que la han llamado para una encuesta de un Organismo Público Encuestador. Le preguntan cómo se identifica entre 0 extrema izquierda y 10 extrema derecha. Y yo me digo, ¡un momento!
¿Dónde ponemos la tiranía?, para irme al lado opuesto. Pero la tiranía la tenemos por los dos lados. Vaya. ¿Qué cualidad podemos poner en un eje para que pueda hablarse de dos polos?
¿Estatalismo? No
¿Libertad? No
Necesitamos al menos otra dimensión: planilandia
Pero a los tiranos de ambos bandos les encanta silenciar otras opciones. Bueno, pero la libertad siempre será una opción de cuatro chalaos. ¡Me lo pido!
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
domingo, 2 de octubre de 2011
Hola, soy dios
Excepto dios, ninguna sustancia puede darse ni concebirse.
SPINOZA.
ETHICA.
Hola, soy dios. Bueno,
concretemos, soy Dios el que intuyó Spinoza, ojo, que aunque he oído
hablar de otros colegas de superior o inferior jerarquía, no he
tenido el gusto de ser presentado. Y de lo que no sé no hablo, que
me hago un lío.
Me han pedido que hable
un poco de mí y de cosas de los Hombres, y las Hombras por cierto,
que es condición para salir en antena que no utilice lenguaje
sexista. Yo mismo soy Dios pero también Días. Realmente si tuviera
sexo los tendría todos. Pero no temáis.
¿Autoconciencia?, a
ratos, pero no intervengo en asuntos que no me conciernen, no ando
por ahí tirando piedras. Ahora, me entra un picor, ¿se dice picor?,
y nacen mil galaxias. A veces tengo la sensación de que no soy sólo
el Universo éste, sino todos los Universos apilados. Pero eso quizá
es megalomanía.
Que hable del big bang, y
todo eso. ¿El big bang?, pues es como una explosión, qué voy a
decir. ¡Puf!, y en un momento ya hay galaxias espurreadas.
Sí que quiero decir algo
de los dinosaurios, seres bien hechos, poquito a poco, sin
sobresaltos. Era un recreo mirar cada millón de años, es un decir,
o diez millones, y verse dinosaurios más variados, y más grandes y
hermosos y longevos. ¡Lo bien que iban los dinosaurios! Y, ¡plaf!,
pedrada. Podría pensarse que fue una gamberrada, pero no, la piedra
venía por ahí. Era previsible que chocara, de haberlo pensado. Y
mira por dónde que un animalejo ratonero que comía huevos, cuando
podía, o carroña varia las más de las veces, se encontró
impulsado a la fama.
¡Uaaa!, perdón. Ah pues
los ingleses consideran de buena educación desperezarse y bostezar
en público, lo han aprendido de mí, creo. Es que manifestar
demasiado interés por los demás puede considerarse cotilla, ¿no?
Volvemos a los bichejos,
apresurados, en comparación con los dinosaurios: en un mundo
cambiante tuvo que primar el oportunismo. Se acabaron las formidables
moles tan cuidadosamente regladas.
Y culmen de oportunismo,
los hombres (¿y hombras, se dice?), a veces enormes, otras
despreciables.
Dicen que el hombre
moderno empieza con Ulises, un tramposo, y no le veo la gracia. Por
ejemplo la historia del cíclope; mal está clavarle un árbol en un
ojo, pero vaya la trampita de que se llama Nadie para que cuando
pregunten los colegas el pobre cíclope herido diga, Nadie ha sido,
Nadie me ha clavado un árbol en el ojo, qué gracioso, ¿eh? Ese día
mis agujeros negros se pusieron más negros que nunca.
Debe ser que le cojo
cariño a mi gente, y me incomoda perderlos, porque también a los
humanos les he acabado cogiendo afición.
Que hable de aquéllos
tiempos en que la Tierra era una ratonera superpoblada, inhóspita,
tan inhóspita que se formaron colonias espaciales, luego colonias
espaciales que se alejan. Llega un momento en que difícilmente se
recibirán noticias, pero eso no importa tanto como para frenarles.
Tenían tecnología para captar reservas hidrocarbonadas en el
sistema solar, y de ahí se producían alimentos, además de reciclar
todo lo posible; fusión nuclear para producir energía.
Claro que al llegar a los
confines del sistema solar va faltando materia. Hay que estimar
tiempos, necesidades energéticas, pero en el borde tienen que probar
la congelación y sistemas de supervivencia. Quizá la falta de
noticias de los que se iban fue una ventaja, aunque la presión de
los de dentro hubiera empujado gente para fuera. Ya sabéis, hay
gente para todo, y menos mal.
No fue muy distinto
cuando África fue expulsando disidentes, allá en los orígenes de
los humanos, y poblaron regiones tan incómodas.
Así que hoy los tengo
por todas partes, robando planetas, explotando soles, rellenando
agujeros negros, qué tíos.
Hay días que viendo
tanta actividad es que me entran ganas de estornudar, si puede
decirse así: esa sensación de absorberlo todo más y más y más y de
pronto, ¡chus!, espurrearlo a los cuatro vientos.
Sevilla, diciembre de 2008
jueves, 15 de septiembre de 2011
El duende de las mudanzas
Esta es una historia de las que contaba
mi madre, de su pueblo, Altea.
En aquellos tiempos mucha gente vivía
en el campo, cerca de sus huertos, o simplemente en el campo.
Pues..., se cuenta de una familia que vivía en el campo, lejos del
pueblo, allá para los montes, y un duende que vivía en su casa les
hacía la vida imposible. No se le veía nunca, pero cuando uno iba a
buscar una cosa, la cosa no estaba ahí en su sitio, sino que estaba
en otra parte, donde menos se lo podía uno imaginar: la paella del
domingo no colgaba de su clavo, sino que aparecía en el corral,
encima de la artesa vieja; la raba del arado no estaba en la cuadra a
la entrada a la derecha, como siempre había sido, sino en la cambra,
donde cómo había subido. Y así, con los años, todo era dar
vueltas, como un pollo sin cabeza, cada vez que uno quería hacer
algo.
Tan trastornada andaba la familia que
acordaron dejarle la casa al duende y mudarse junto al pueblo.
Así que llegó el día de la mudanza
y, de noche para llegar al alba, partió la familia. El carro ya
estaba cargado hasta lo máximo, y cada miembro de la familia llevaba
además un pesado fardo.
Cuando llevaban horas de penosa marcha
la mujer pegó un grito, “¡ay!”; “qué pasa, dona”, preguntó
el marido; “que m'he deixat la paella de los dumenges”, contestó
la dona. (Ooooooooh). Después de un silencio se oyó una vocecita
atrás en la oscuridad: “la porte yo”. Era el duende.
Tengo que pedir disculpas por mi muy
deficiente valencià, pero dicho en castellano, el duende era el que
llevaba la paella de los domingos. La paella, como sabéis, es tanto
el cacharro como lo de dentro, o así era entonces, quizá porque
solía estar vacía.
Esta es la historia que contaba mi
madre, sin embargo, en las mudanzas normales el duende hace
justamente lo contrario: hace desaparecer objetos durante meses, a
veces para siempre. Otras veces escribe cositas por ahí con su letra
pequeña como pisadas de insecto. Y no habla con su vocecita, sólo
se ríe para sus adentros.
![]() |
| - Hola, somos las necoritas de Canduas, estamos invitadas a la paella. - Between, between. I paella. |
domingo, 11 de septiembre de 2011
El hombre de los colores
Mientras me duchaba hoy domingo me encontré un
cuento, escrito en pequeño en un azulejo, sin duda escrito por el duende de las mudanzas (del que volveremos a hablar):
En un país muy lejano, en tiempos
remotos, vivía un hombre al que le gustaban los colores. Veía por
ejemplo una piedra turquesa, de un determinado turquesa, no cualquier
turquesa, y se decía, “cómo mola, ¡me lo pido!”. En aquél
país se podían comprar colores, bueno, más que comprar habría que
decir quizá adquirir, porque el mecanismo era muy diferente al que
estamos acostumbrados a referirnos con la palabra “comprar”.
Siguiendo con el turquesa, suponiendo que queremos adquirirlo, hay
que ir ahora al funcionario de enajenación de turquesas, y
solicitarlo. El funcionario consulta unas tablas gruesas (no maderas,
hombre, las tablas son cuadros con muchos números y letras ordenados
en matriz de filas y columnas), tablas en las que están los precios
de los colores. Mira la columna de colores, convenientemente
codificados, mira la fila de encabezado de áreas: no es lo mismo
comprar el determinado turquesa en tres kilómetros cuadrados que en
quinientos setenta y cinco mil, y por qué quinientos setenta y cinco
mil, pues porque es la superficie aproximada de la Península
Ibérica; así que decíamos que el funcionario mira la fila, mira la
columna y mira también la altura: sí, sí, ¡es una tabla
tridimensional!, la altura dice el tiempo, no vale lo mismo adquirir
el determinado turquesa por media hora en 100 metros cuadrados que
por trescientos años en quinientos setenta y cinco mil kilómetros
cuadrados. Así que el funcionario seguiría la fila, la columna y la
altura y en la casilla de encuentro aparecería el precio, perdón,
sería más adecuado decir “contraprestación”. Y, por ejemplo,
diría, “pues este turquesa en las condiciones solicitadas te
costaría trabajar siete meses para la maquinaria del Estado, más
otros siete meses para pagar los correspondientes impuestos”. Las
restantes condiciones las sabe cualquiera que vaya a adquirir, no nos
aburramos con ellas.
Nuestro hombre fue así adquiriendo un
turquesa, un naranja, un verde, un amarillo. En otros momentos
prefería un negro, un marrón, un azul oscuro como pluma de cuervo.
O también un blanco ligeramente amarillento, un gris claro, un verde
manzana.
Así fueron pasando los años. Más años.
Un domingo, mientras se
tomaba su tostada mañanera, miró el abigarramiento de colores amontonados en
el que vivía: ¡daba mareo!
“¿Y para esto llevo toda la vida
trabajando?” Se preguntó.
Ea, ese es el fin. Bueno, el fin uno.
Tenemos un fin alternativo, fin dos, que parece más pero sólo
diluye:
“¡No, merluzo!”, le gritó por el
empatífono el confesor de Hacienda.
![]() |
| Uúuh, tengo que cambiar esta foto por una de la piedra turquesa |
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